Petróleo y banca: los motores con los que Venezuela busca dejar atrás una década de crisis

La economía venezolana ha fijado su hoja de ruta para 2026 apoyándose en dos pilares: la maximización de la renta petrolera y la reactivación del sistema financiero. Con el crudo Brent rozando los US$180 por el conflicto en Irán, Venezuela aprovecha el «viento a favor» de los precios internacionales para financiar un presupuesto con alto contenido social (77,8%). Paralelamente, la banca privada lidera una modernización digital y crediticia que busca reincorporar a sectores productivos que operaron en la informalidad durante la última década.

El informe de El País para este primer trimestre de 2026 destaca que Venezuela está viviendo un momento de «oxigenación forzada». La clave de este respiro es la producción petrolera, que ha logrado estabilizarse en niveles que permiten aprovechar la crisis energética en el Golfo Pérsico. Con el Estrecho de Ormuz bajo tensión, el crudo pesado venezolano ha recuperado atractivo en los mercados internacionales, generando un flujo de divisas que el Gobierno de Nicolás Maduro está canalizando hacia la inversión social y la estabilización del tipo de cambio.

Sin embargo, la verdadera novedad en 2026 es el despertar de la banca. Tras años de encaje legal asfixiante e hiperinflación, las instituciones financieras venezolanas han iniciado una fase de expansión crediticia. El crédito al sector privado ha crecido un 45% en términos reales en lo que va del año, facilitando que pequeñas y medianas empresas (pymes) financien inventarios y maquinaria. Esta reactivación bancaria es el «pegamento» que busca unir la renta petrolera con la economía real, intentando diversificar un PIB que históricamente ha sido adicto al extractivismo.

Esta dinámica venezolana contrasta fuertemente con la situación en Colombia. Mientras en Caracas se celebra el regreso del crédito, en Bogotá la economía sufre por tasas de interés del 13% (TES) y un crecimiento del 1,55% que mantiene a la industria y la construcción en números rojos. La «fricción del crecimiento» en Colombia, derivada de la incertidumbre política y el costo del dinero, ha hecho que algunos capitales regionales vuelvan a mirar hacia Venezuela como un destino de «alto riesgo, pero alto retorno», especialmente en los sectores de servicios y retail.

En el ámbito del bienestar, Venezuela también ha alineado su discurso con las tendencias regionales de salud pública. Al igual que el Ministerio de Salud en Colombia, el Gobierno venezolano ha intensificado las campañas sobre el riesgo de las bebidas azucaradas. En este 2026, la alerta científica global sobre el incremento del 85% en el riesgo de cáncer de hígado por consumo de azúcar líquido ha llevado a Caracas a promover una «dieta de soberanía», utilizando parte del 77,8% del presupuesto social para subsidiar alimentos frescos y desincentivar los ultraprocesados importados que encarecen la balanza comercial.

A pesar del optimismo oficial, el camino fuera del pozo tiene obstáculos técnicos. La crisis de los fertilizantes, con un alza del 22,57%, afecta la capacidad de Venezuela para alcanzar la autosuficiencia alimentaria, obligándola a usar petrodólares para importar insumos básicos. Además, la infraestructura eléctrica sigue siendo el «cuello de botella» que impide que la industria manufacturera acompañe el ritmo de crecimiento de la banca.

Finalmente, el éxito de este abrazo al petróleo y la banca dependerá de la estabilidad de las licencias internacionales y de la capacidad de la banca para no sobrecalentar la economía. Para el cierre de 2026, el desafío de Venezuela será demostrar que este crecimiento de «dos dígitos» no es un espejismo petrolero, sino el inicio de una estructura financiera sólida que pueda sobrevivir incluso si el Brent decide bajar de los US$100. En este juego de espejos binacional, Colombia observa con atención, sabiendo que su propia recuperación podría depender de qué tan profunda sea la integración con un vecino que parece haber encontrado un nuevo norte económico.

RealRisk / Fuente: El país