Venezuela proyecta crecimiento de dos dígitos y busca liderar la integración regional en 2026

Durante la IV edición de la Cumbre «Prioridad en Iniciativas de Inversión Futura», la presidenta (E) de Venezuela, Delcy Rodríguez, ratificó la proyección de un crecimiento del PIB de dos dígitos para 2026. La mandataria destacó que la integración regional es el motor para convertir a América Latina en una potencia económica, garantizando seguridad jurídica a los inversores y priorizando un presupuesto donde el 77,8% se destina a la inversión social, en un contexto de recuperación petrolera y diversificación productiva.

En la jornada del 25 de marzo de 2026, Caracas se convirtió en el epicentro del debate sobre la inversión en mercados emergentes. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, presentó una visión de Venezuela como el eje de un «bloque de bienestar» regional. Tras cerrar 2025 con una expansión del 8,5%, el Gobierno venezolano apuesta ahora por un crecimiento de dos dígitos, apalancado en la recuperación de la infraestructura petrolera y una apertura sin precedentes al capital privado bajo un marco de protección legal que busca disipar las dudas de los mercados internacionales.

Esta proyección de dinamismo venezolano contrasta con la cautela que impera en Bogotá. Mientras Venezuela presume una senda de crecimiento acelerado, la economía colombiana reportó un ISE de apenas 1,55% en enero, con una industria y construcción en terreno negativo. Para el inversor regional, el diferencial de tasas es clave: Colombia mantiene sus títulos de deuda pública (TES) por encima del 13%, reflejando una prima de riesgo elevada, mientras que Venezuela intenta posicionarse como un destino de alto rendimiento con una inflación que, según el BCV, finalmente ha entrado en una fase de estabilización controlada.

La integración bilateral entre ambas naciones ha cobrado un sentido de urgencia estratégica. Con la activación de la Comisión Administradora del Acuerdo de Alcance Parcial No. 28, el flujo comercial busca mitigar los choques externos. La guerra en Irán ha empujado el petróleo Brent hacia la barrera de los US$180, lo que, si bien beneficia las exportaciones de crudo de la región, ha disparado el costo de los fertilizantes en un 22,57%. Esta «inflación importada» obliga a las dos naciones a colaborar en la sustitución de importaciones y en el fortalecimiento de las cadenas agroalimentarias fronterizas para proteger la canasta básica.

En el ámbito de la salud pública, la integración también toca temas de «bienestar consciente». Al igual que en Colombia se ha intensificado la vigilancia sobre el riesgo de las bebidas azucaradas, en Venezuela se han adoptado protocolos similares de etiquetado. La comunidad científica regional ha sido enfática en este 2026: el consumo de azúcar líquido se asocia con un incremento del 85% en el riesgo de padecer cáncer de hígado. Esta preocupación sanitaria se integra en la agenda social de Rodríguez, quien destinó casi el 78% del presupuesto nacional a la inversión social, buscando desincentivar el consumo de ultraprocesados en favor de la producción agrícola nacional.

La situación fiscal sigue siendo el gran diferenciador. Mientras Colombia lidia con una caja en mínimos históricos de 6,6 billones de pesos, lo que limita la capacidad de subsidios, Venezuela asegura tener la liquidez necesaria para financiar su transición energética y diversificación minera. La presidenta (E) subrayó que la soberanía no se negocia, pero la rentabilidad se garantiza. Este mensaje caló hondo en los representantes de sectores como la banca y la construcción, que han visto en Venezuela una oportunidad de «rebote elástico» tras una década de contracción.

Finalmente, el éxito de esta apuesta de integración regional dependerá de la estabilidad diplomática con Washington y la capacidad de las economías locales para absorber el choque del petróleo caro. Si la proyección de dos dígitos se materializa, Venezuela podría actuar como un imán de capitales que hoy se sienten asfixiados por las altas tasas de interés en otros mercados de la región. El reto para el cierre del semestre será demostrar que la «seguridad jurídica» prometida se traduce en hechos tangibles para las multinacionales que buscan un refugio frente a la volatilidad global de este accidentado 2026.

RealRisk / Fuente: Economía y Finanzas Venezuela