El consumo de los hogares colombianos cerró 2025 con una expansión del 3,6 %, pero con una dinámica invertida entre clases sociales. Mientras los hogares de ingresos bajos (hasta dos salarios mínimos) impulsaron el gasto hacia el final del año gracias al repunte del empleo y las remesas, los de ingresos altos (más de ocho salarios mínimos) frenaron su consumo. El detonante fue la inflación de servicios, que impacta con mayor fuerza el presupuesto de los estratos pudientes, obligándolos a una austeridad selectiva que no se veía en años anteriores.
El informe de Valora Analitik, basado en datos del Grupo Cibest y el DANE, revela una grieta profunda en la forma en que los colombianos enfrentaron la inflación en 2025. Al cierre del año pasado, se hizo evidente que la capacidad de gasto no fue proporcional al nivel de ingresos. Los hogares de menores ingresos lograron recuperar dinamismo tras un periodo de estancamiento, apalancados por un mercado laboral resiliente y un flujo histórico de remesas que superó los US$10.800 millones. Para este segmento, el consumo se centró en la recuperación de bienes básicos y la canasta de alimentos, cuya inflación dio un respiro parcial.
En contraste, el segmento de ingresos altos mostró señales de agotamiento. La razón técnica reside en la estructura de su canasta de gasto: los servicios (educación, salud prepagada, seguros y entretenimiento) representan aproximadamente el 55 % de su presupuesto. Debido a que la inflación de servicios es más persistente y «espesa» que la de los bienes, este grupo sintió un golpe directo a su ingreso disponible, lo que derivó en una contención del gasto en categorías no esenciales y de lujo.
Esta dinámica ha generado un cambio estratégico en el retail. Las marcas que tradicionalmente se enfocaban en el sector premium han tenido que revaluar sus proyecciones para este inicio de 2026, encontrando que la lealtad de marca en estratos altos es ahora más sensible al precio de lo esperado. Por otro lado, el consumo masivo ha encontrado en la base de la pirámide un motor de rotación que evitó que las cifras de ventas minoristas cayeran a terreno negativo al finalizar el año anterior.
Sin embargo, el panorama para este primer trimestre de 2026 (marzo) viene con advertencias. La firma Raddar ha señalado que enero de 2026 fue uno de los peores meses en dieciséis años para el gasto real, debido a que el aumento del salario mínimo y la indexación de arriendos y peajes han vuelto a presionar el bolsillo de los hogares de ingresos bajos y medios, quienes ahora enfrentan una nueva desaceleración tras el breve «verano» de consumo de finales de 2025.
| Segmento de Ingreso | Fuente de Impulso / Freno | Comportamiento Cierre 2025 |
| Ingresos Bajos | Remesas y Salario Real | Recuperación Dinámica |
| Ingresos Medios | Crédito y Empleo | Estabilización Moderada |
| Ingresos Altos | Inflación de Servicios | Contracción / Austeridad |
Para las empresas, el reto de este año será navegar esta volatilidad por estratos. Mientras el Gobierno adjudica megaproyectos de infraestructura para inyectar liquidez, la realidad en la calle muestra a un consumidor que, sin importar su estrato, está operando con márgenes financieros muy estrechos. La «fiesta del consumo» que se vio a mitad de 2025 ha dado paso a una gestión de caja mucho más cautelosa, donde el valor por el dinero (value for money) es la única métrica que garantiza la conversión de venta.
Finalmente, la convergencia de la inflación hacia la meta del Banco de la República sigue siendo el factor determinante. Si los precios de los servicios no ceden en este primer semestre de 2026, es probable que la austeridad de los estratos altos se profundice, eliminando un motor clave de inversión y gasto discrecional que la economía colombiana necesita para acelerar su crecimiento más allá del 2,6 % proyectado.
RealRisk / Fuente: Valor Analitik