El endeudamiento de las familias en Costa Rica ha encendido las alarmas de los analistas financieros: el crédito para consumo ha registrado un crecimiento del 13,7% en los últimos dos años. Este fenómeno refleja una mayor dependencia de los costarricenses hacia el financiamiento bancario y extra-bancario para cubrir desde necesidades básicas hasta gastos suntuarios, en un contexto de estancamiento de los ingresos reales y una oferta crediticia agresiva por parte de las entidades financieras.
La economía doméstica en Costa Rica atraviesa una transformación silenciosa pero preocupante. Según los datos del Banco Central y el análisis del Semanario Universidad, el saldo de la cartera de consumo ha experimentado una expansión del 13,7% entre 2024 y 2026. Este incremento sugiere que los hogares no están utilizando el crédito únicamente para inversiones de capital o bienes duraderos, sino que están recurriendo a préstamos personales y tarjetas de crédito para complementar un presupuesto mensual que se ha visto golpeado por la persistente carestía de servicios y bienes básicos.
Este crecimiento de «doble dígito» en el crédito de consumo contrasta con la moderación en otros sectores, como la vivienda o los préstamos para vehículos. Los analistas sugieren que la facilidad de acceso a microcréditos y las campañas agresivas de las emisoras de tarjetas de crédito han seducido a un consumidor que busca mantener su nivel de vida a pesar de la pérdida de poder adquisitivo. El peligro reside en las tasas de interés, que en el segmento de consumo suelen ser significativamente más altas, absorbiendo una porción cada vez mayor del ingreso neto familiar para el pago de intereses.
Desde la perspectiva del sector financiero, este dinamismo es visto como una oportunidad de rentabilidad, pero también como un riesgo latente de morosidad. Si bien los indicadores de impago se mantienen bajo control por ahora, un choque externo o una subida en las tasas de interés internacionales podría empujar a miles de familias hacia el impago. Las entidades bancarias han comenzado a ser más selectivas, pero la competencia en el sector no bancario y las «Fintech» de préstamos rápidos siguen alimentando la bola de nieve del endeudamiento sin una educación financiera que la acompañe.
Las implicaciones sociales son profundas. Un hogar altamente endeudado tiene menos capacidad de ahorro y, por ende, es más vulnerable ante eventualidades como enfermedades o desempleo. Además, el consumo impulsado por deuda no es sostenible a largo plazo; llega un punto de saturación donde las familias deben recortar sus gastos drásticamente para cumplir con sus obligaciones financieras, lo que termina enfriando la economía real. El informe subraya que los sectores de ingresos medios y bajos son los que muestran un mayor crecimiento proporcional en sus niveles de deuda por consumo.
En cuanto a las decisiones regulatorias, el Banco Central de Costa Rica (BCCR) y la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) se enfrentan al reto de supervisar este crecimiento sin asfixiar la liquidez del mercado. Se debate la necesidad de endurecer los criterios de capacidad de pago para los créditos no garantizados y de fortalecer la Ley de Usura para proteger a los consumidores de tasas abusivas en los segmentos más riesgosos. La meta es evitar que el consumo, que representa cerca del 60% del PIB, se convierta en una trampa de deuda estructural para la población.
Finalmente, el panorama hacia el cierre de 2026 sugiere que, sin una mejora sustancial en los salarios reales o una reducción en las tasas de interés de consumo, la dependencia del crédito seguirá al alza. Los costarricenses están «viviendo del futuro», financiando el presente con ingresos que aún no han ganado. Para la economía nacional, el desafío será gestionar este crecimiento crediticio para que sirva como un puente de consumo y no como la antesala de una crisis de sobreendeudamiento familiar que limite el crecimiento futuro del país.
RealRisk / Fuente: Semanario Universidad