En el marco de las evaluaciones del mercado de trabajo en América Latina, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) presentó su radiografía sobre la calidad del empleo en la región. De acuerdo con la información analizada por Pulzo, Colombia se posicionó en el sexto lugar entre los países con mayor tasa de informalidad laboral, al registrar que el 54,3 % de los trabajadores ocupados se desempeña sin las garantías de la formalidad contractual ni acceso pleno a la seguridad social.
En lo relativo al contexto regional y la comparativa internacional, la cifra ubica a Colombia 6,9 puntos porcentuales por encima del promedio de los 15 países analizados por la OIT, el cual se situó en 47,4 %. El escalafón latinoamericano está encabezado por Bolivia con un 82,2 % de empleo informal, seguido por Ecuador (70,1 %), Perú (69,8 %), Guatemala (66,2 %) y Paraguay (64,3 %). En el extremo opuesto, Uruguay se consolidó como el país con menor informalidad del bloque, registrando una tasa de apenas 22,4 %.
Insumos clave del estudio señalan que la persistencia de la informalidad en el territorio colombiano responde a factores estructurales como la baja productividad de las micro y pequeñas empresas, los elevados costos regulatorios y tributarios para formalizar un negocio y el acceso restringido a líneas de crédito en el sistema financiero tradicional. Curiosamente, la OIT estima que el 65 % de las unidades productivas informales en el país contaría con la capacidad operativa para formalizarse si se reducen los trámites y cargas iniciales, mientras que un 22 % opera cerca del límite de subsistencia.
En cuanto al comportamiento por variables sociodemográficas y de mercado, aunque el desempleo general mostró una caída al 9,1 % en el primer trimestre del año y la tasa de ocupación subió al 58,2 %, el crecimiento del empleo estuvo apalancado en gran medida por puestos no regulados. El fenómeno afecta de manera crítica a la juventud: el desempleo juvenil alcanzó un 20,2 % y el 59,1 % de los jóvenes que sí trabajan lo hace en condiciones de informalidad. Además, a diferencia de otras naciones de la región, en Colombia la proporción de hombres en la informalidad superó ligeramente a la de las mujeres.
Por el lado del impacto en la economía y la gestión pública, la elevada informalidad limita la recaudación tributaria del Estado y restringe la acumulación de ahorro pensional para el retiro de los trabajadores. Gremios económicos como la ANDI y analistas del sector coinciden en que la reducción sostenida del desempleo no será suficiente sin políticas públicas orientadas a la formación de capital humano, el fomento del crédito productivo y esquemas de formalización gradual que acompañen a las Mipymes.
El diagnóstico de la OIT reafirma que la informalidad laboral sigue siendo la principal falla estructural del mercado de trabajo en Colombia. Transformar el empleo informal en plazas formales con estabilidad y seguridad social resulta indispensable para elevar la productividad nacional, reducir las brechas de ingreso y fortalecer el consumo interno a largo plazo.
RealRisk / Fuente: OIT