El mercado de bienes de consumo masivo en Venezuela ha experimentado una transformación estructural profunda, transitando desde la época de desabastecimiento generalizado y estantes vacíos hacia un ciclo de recuperación sostenida. Según el informe sectorial presentado por NielsenIQ, el volumen de consumo en el país acumuló cuatro años consecutivos de variaciones positivas en sus métricas de volumen (+3% en 2022, +6% en 2023, +14% en 2024 y +7% en 2025). Esta evolución operativa comenzó a gestarse a partir de las flexibilizaciones económicas aplicadas entre 2016 y 2018, y se consolidó con la dolarización de facto que opera de manera generalizada desde el periodo de 2019.
El dinamismo comercial registrado durante el último año se caracterizó por una expansión transversal de la oferta, donde el 70% de las categorías auditadas por la firma consultora reportaron incrementos simultáneos tanto en su volumen de transacciones como en su valor neto de mercado. Los analistas puntualizan que la principal palanca detrás de este repunte no respondió a un incremento generalizado en los precios de venta al público, sino a una optimización en los canales de distribución logística. El factor crítico de éxito para las marcas radicó en su capacidad para reponer inventarios con regularidad y ganar presencia física en un mayor número de puntos de venta a nivel nacional.
La composición del gasto de los hogares muestra una fuerte concentración en productos de primera necesidad, licores y bebidas. La radiografía de NielsenIQ expone que por cada $100 de presupuesto que los ciudadanos destinan al consumo masivo, $37 se dirigen a la categoría de licores —con la cerveza como el producto dominante—, mientras que $20 corresponden a bebidas no alcohólicas y $27 se asignan al segmento de alimentos. Esta última división se atomiza entre la compra de alimentos de la canasta básica (encabezada por la harina de maíz y el arroz) y artículos de consumo impulsivo, reflejando una estructura orientada a la subsistencia inmediata y la gratificación de corto plazo.
Por otra parte, el 12% del portafolio total de productos medidos en el mercado experimentó contracciones en sus volúmenes de comercialización al cierre del ejercicio. Este grupo a la baja está integrado por rubros específicos como aceites comestibles, chocolates, galletas, pastas y ron, bienes que comparten una característica común: una elevada sensibilidad de la demanda frente a las variaciones de precio en los anaqueles. La pérdida de dinamismo en estos segmentos confirma que, a pesar del repunte del consumo agregado, la capacidad de compra de la base de la población mantiene restricciones estructurales que obligan a un ejercicio de priorización constante en el presupuesto doméstico.