En el marco del monitoreo periódico de la percepción económica en Centroamérica, la Universidad de Costa Rica (UCR), a través de su Escuela de Estadística, presentó los resultados de su Encuesta de Confianza del Consumidor. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) registró un retroceso tras la conclusión de las elecciones, marcando el fin de la tregua de optimismo que suele acompañar a las campañas políticas y devolviendo a los hogares a un terreno de cautela y pesimismo.
En lo relativo a los factores determinantes del deterioro en el indicador, los investigadores de la UCR señalan que el pesimismo está fuertemente anclado en la percepción sobre el rumbo de la economía nacional y las finanzas personales a un año plazo. Finalizado el proceso electoral, la atención de la ciudadanía se reenfocó en problemas estructurales como el desempleo, el costo de los servicios y la presión tributaria, diluyendo las expectativas de una mejora económica de corto plazo impulsada por el cambio o continuidad de gobierno.
En cuanto al comportamiento por perfiles de consumidores y capacidad de gasto, la medición evidencia una clara divergencia según el nivel de ingresos y escolaridad. Mientras los grupos de mayor poder adquisitivo mantienen una postura moderada, los sectores de ingresos medios y bajos expresan una fuerte restricción para realizar compras de bienes durables (como vehículos o inmuebles) y un rechazo mayoritario al endeudamiento mediante crédito de consumo o tarjetas.
Esta caída en la confianza del consumidor tiene implicaciones directas sobre el comercio minorista y la industria de bienes no esenciales en Costa Rica. Ante un horizonte de percepción negativa, los hogares tienden a diferir decisiones de gasto opcional y a priorizar el ahorro preventivo, lo que ralentiza la rotación de inventarios en el retail y condiciona las proyecciones de ventas de las empresas para la segunda mitad del año.
Por el lado del marco institucional y las políticas públicas, los resultados de la encuesta de la UCR envían una señal a las autoridades económicas sobre la urgencia de generar certidumbre en materia fiscal, atracción de inversión y generación de empleo formal. Sin señales claras de reactivación en la economía real, el indicador de confianza difícilmente retomará el terreno de optimismo.
El estudio de la UCR ratifica que la confianza de los consumidores costarricenses es altamente sensible al entorno político y macroeconómico. Superada la etapa electoral, la moderación en el gasto y la prudencia en las decisiones financieras definirán el comportamiento de las familias costarricenses en el corto plazo.
RealRisk / Fuente: UCR