Paraguay está impulsando el proyecto del Gasoducto Bioceánico, estimado en US$2.000 millones y con unos 1.050 km de largo, con el objetivo de conectar Argentina y Brasil a través de su territorio y consolidarse como un eje energético regional.
La iniciativa, que contempla tramos de 110 km en Argentina, 530 km en Paraguay y 410 km hasta Brasil busca diversificar la matriz energética paraguaya, generar ingresos de tránsito y fortalecer su posición geopolítica.
A pesar del entusiasmo oficial, surgen críticas sobre los impactos ambientales en la región del Chaco, la apuesta por un combustible fósil en tiempos de transición energética y la necesidad de equilibrar ingresos inmediatos con desarrollo sostenible a largo plazo.
Paraguay ha presentado una ambiciosa iniciativa para asumir un papel clave en el mapa energético del Cono Sur: el Gasoducto Bioceánico. Este proyecto busca transportar gas natural desde la formación de Vaca Muerta, en Argentina, hasta Brasil, atravesando el Chaco paraguayo, con una inversión estimada de 2 000 millones de dólares y un trazado de 1.050 kilómetros.
El recorrido contempla 110 km en Argentina, 530 km en territorio paraguayo y 410 km hasta conectarse con la red brasileña. Fue presentado oficialmente mediante memorandos de entendimiento entre Argentina-Paraguay-Brasil en 2025.
Para Paraguay, el gasoducto representa la gran jugada: obtiene ingresos por canon de tránsito, diversifica su economía dependiente de la hidroeléctrica, y dinamiza la región del Chaco con potencial para la industria de fertilizantes, cemento y siderurgia. Caracteriza la obra como la transformación de la “mediterraneidad” en ventaja estratégica.
Los beneficios para Argentina incluyen monetizar sus reservas de gas no convencional; para Brasil, diversificar su matriz energética y reducir su dependencia de rutas tradicionales. La ruta paraguaya aparece como una alternativa competitiva frente a la hegemonía histórica de Bolivia como proveedor regional.
No obstante, el proyecto está acompañado por alertas: la inversión es alta, el modelo apuesta por gas fósil cuando la transición hacia energías limpias avanza, y el trazado podría afectar ecosistemas sensibles del Chaco y comunidades indígenas.
En definitiva, el gasoducto bioceánico proyecta a Paraguay como un nuevo hub energético del Sur. Si logra madurar con eficacia, marcará un antes y un después en la infraestructura energética regional. Pero su legado dependerá de la capacidad para compatibilizar desarrollo, medio ambiente y visión estratégica.
RealRisk/ Fuente: Ministerio de Energía de Paraguay