La inflación en Colombia se aceleró en enero de 2026, alcanzando una variación anual del 5,35%, la cifra más alta registrada desde octubre de 2024. Este repunte, impulsado por la indexación de precios tras el aumento del 23% en el salario mínimo, superó los niveles de diciembre pasado. Los sectores de alojamiento, restaurantes y alimentos lideraron las presiones alcistas, desafiando las proyecciones de estabilidad del mercado.
El costo de vida en Colombia inició el año 2026 con un repunte significativo, rompiendo la tendencia de moderación que se venía observando en meses anteriores. Según los datos oficiales, la inflación anual se situó en un 5,35%, una cifra que supera el 5,10% registrado al cierre de diciembre de 2025 y el 5,22% de enero del año pasado. Este indicador no alcanzaba niveles similares desde octubre de 2024, cuando se ubicó en el 5,41%, lo que marca un punto de inflexión en las expectativas macroeconómicas para el presente ejercicio fiscal.
La aceleración de los precios encuentra su principal explicación en la indexación de bienes y servicios vinculada al incremento del salario mínimo, que para este año fue del 23%. Este ajuste salarial ha generado una presión inmediata en los precios regulados y en el sector de servicios, donde los costos operativos se han trasladado al consumidor final. Analistas de Asobancaria ya habían anticipado esta dinámica proyectando un 5,40%, mientras que entidades como el Banco de la República y Fedesarrollo mantenían expectativas ligeramente más conservadoras en torno al 5,33%.
En el análisis mensual, el sector de restaurantes y hoteles fue el que más contribuyó al Índice de Precios al Consumidor (IPC), aportando un 0,33% a la variación total. Le siguieron de cerca el grupo de alimentos con un 0,31% y el de transporte con un 0,29%. Estos incrementos reflejan el impacto de los mayores costos de insumos y la revisión de tarifas que tradicionalmente ocurre en el primer mes del año, exacerbada en esta ocasión por la magnitud del ajuste en la remuneración básica de los trabajadores.
Desde una perspectiva anual, la carga financiera para los hogares colombianos se concentra especialmente en el rubro de alojamiento, que lidera la contribución con un 1,42%. A este le siguen restaurantes y hoteles (1,01%), alimentos (0,96%) y transporte (0,78%). Esta estructura de gasto evidencia que los servicios básicos y la alimentación continúan siendo los focos de mayor presión inflacionaria, afectando de manera desproporcionada el poder adquisitivo de los ciudadanos a pesar de los alivios parciales registrados en sectores como la energía eléctrica.
El comportamiento del servicio de electricidad en enero de 2026 actuó como un amortiguador, registrando bajas que ayudaron a contener una subida mayor del IPC general. Sin embargo, este beneficio fue compensado negativamente por el encarecimiento del gas, que registró alzas importantes. Esta dualidad en los servicios públicos resalta la volatilidad que persiste en la canasta familiar y la dificultad de mantener un control uniforme sobre todos los componentes de la inflación en un contexto de incertidumbre climática y fiscal.
Finalmente, el dato del 5,35% plantea desafíos inmediatos para la política monetaria del país. El mercado observa con cautela cómo el Banco de la República reaccionará ante esta aceleración, considerando que la convergencia hacia la meta de inflación se ve amenazada por factores de oferta y por la rigidez en los precios de los arriendos, los cuales presentan riesgos debido a una oferta limitada de vivienda. La estabilidad económica de 2026 dependerá en gran medida de la capacidad de la economía para absorber el choque salarial sin desencadenar una espiral inflacionaria prolongada.
RealRisk / Fuente: Fedesarrollo