Desempleo en enero de 2026 alcanza mínimo histórico del 10,9% bajo señales de alerta (Colombia)

La tasa de desempleo en Colombia para enero de 2026 se situó en un histórico 10,9%, la cifra más baja para este mes en los últimos 25 años. Sin embargo, el optimismo del Gobierno Nacional contrasta con la preocupación de gremios como la ANDI y analistas del mercado, quienes advierten que la reducción no responde a una creación robusta de puestos de trabajo, sino a la salida masiva de personas de la fuerza laboral y al predominio del empleo informal. La fragilidad del sector privado y el estancamiento de la contratación asalariada empañan lo que estadísticamente parece un triunfo.

El mercado laboral colombiano ha iniciado el 2026 con una paradoja estadística que divide las opiniones entre el Palacio de Nariño y los centros de pensamiento económico. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la tasa de desocupación nacional en enero fue del 10,9%, una mejora frente al 11,6% registrado en el mismo periodo de 2025. Para el Gobierno, este dato es la prueba de que el incremento del salario mínimo —ahora denominado «salario vital»— no destruyó empleos, sino que dinamizó la demanda interna, permitiendo que el desempleo alcanzara su nivel más bajo para un mes de enero desde que se tiene registro a principios de siglo.

Sin embargo, al levantar el capó de las cifras, el panorama pierde brillo. La caída en el desempleo no se explica principalmente por una absorción masiva de trabajadores en el sector productivo, sino por una reducción en la Tasa Global de Participación, que pasó del 64,1% al 63,6%. En términos prácticos, esto significa que cerca de 410.000 personas dejaron de buscar trabajo activamente y pasaron a la inactividad. Los gremios advierten que cuando la desocupación baja porque hay menos gente buscando empleo (y no porque haya más vacantes de calidad), la economía está ante un síntoma de desincentivo laboral y no de prosperidad.

La calidad del empleo generado es el otro foco de tensión. De los 324.000 nuevos ocupados reportados, la gran mayoría se concentró en el trabajo por cuenta propia y en sectores dependientes del gasto público, como la administración pública y la salud. En contraste, el empleo asalariado en el sector privado mostró un crecimiento marginal, evidenciando que las empresas siguen operando bajo un modo de «supervivencia» ante los altos costos laborales y la incertidumbre fiscal. Para la ANDI, este fenómeno refleja una proliferación de micronegocios y «rebusque» cuya sostenibilidad es dudosa en el mediano plazo.

Sectorialmente, el panorama es desigual. Mientras que los servicios sociales y de salud impulsaron la ocupación, sectores clave para el crecimiento estructural, como el comercio y la construcción, mostraron señales de agotamiento. La rigidez de la inversión privada, comentada en análisis previos, está pasando factura: las compañías prefieren optimizar sus nóminas actuales mediante tecnología —un factor que conecta con el auge de la IA discutido anteriormente— antes que expandir su base de trabajadores formales, lo que limita las oportunidades para los jóvenes, cuya tasa de desocupación se mantiene resiliente en el 15,3%.

A nivel regional, la brecha de desigualdad laboral persiste de forma crítica. Mientras Bogotá reporta una tasa de desempleo envidiable del 7,5%, ciudades de la periferia como Quibdó siguen sumidas en crisis estructurales con tasas que superan el 24,6%. Esta fragmentación del mercado laboral colombiano sugiere que las políticas nacionales de empleo no están logrando permear las regiones con mayores necesidades de formalización, lo que aumenta la presión sobre el presupuesto nacional para sostener programas de subsidios en lugar de fomentar la generación de riqueza local.

Finalmente, el mercado observa con cautela la relación entre estas cifras y las futuras decisiones del Banco de la República. Si bien un desempleo bajo suele ser señal de una economía caliente que presiona la inflación, la naturaleza informal y la baja productividad de los nuevos empleos sugieren lo contrario: una economía que se está enfriando en su núcleo formal. La sostenibilidad de esta «paz laboral» dependerá de que el Gobierno logre reactivar la inversión privada antes de que el agotamiento de la demanda interna y la salida de personas de la fuerza de trabajo conviertan el 10,9% en un dato anecdótico y no en una tendencia sólida.

RealRisk / Fuente: Itaú Colombia