La economía de Venezuela registra una expansión del 9% durante el año 2025

Venezuela registró un crecimiento económico del 9% en 2025, impulsado por la recuperación del sector petrolero y la flexibilización de sanciones internacionales. Para 2026, analistas proyectan una expansión del 10%, condicionada a la continuidad de las licencias de operación otorgadas por Estados Unidos. Este repunte marca un punto de inflexión en la crisis del país, aunque mantiene una alta dependencia de factores geopolíticos externos y la estabilidad del mercado energético global.

Venezuela cerró el año 2025 con un crecimiento económico del 9%, de acuerdo con las cifras oficiales emitidas por el Banco Central de Venezuela (BCV). Este repunte marca un hito significativo tras años de hiperinflación y contracción profunda, impulsado principalmente por la reactivación gradual de la industria de hidrocarburos. La cifra refleja una estabilización relativa en los indicadores macroeconómicos, permitiendo un respiro financiero en medio de un entorno global que mantiene una alta demanda energética y busca alternativas de suministro.

Para el ejercicio de 2026, las proyecciones de analistas independientes y organismos financieros internacionales son aún más optimistas, situando el crecimiento esperado en un 10%. Este avance consolidaría a Venezuela como una de las economías de mayor expansión porcentual en la región durante el presente año, aunque partiendo de una base comparativa históricamente baja debido a la crisis previa. El dinamismo proyectado depende de la capacidad del país para mantener el flujo constante de exportaciones y atraer capitales frescos hacia sectores estratégicos de su infraestructura productiva.

El motor indiscutible de esta recuperación ha sido el sector petrolero, el cual se ha visto beneficiado por la flexibilización de las sanciones económicas internacionales impuestas anteriormente. La emisión y mantenimiento de licencias operativas por parte de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de los Estados Unidos ha permitido a multinacionales incrementar su producción y exportación en suelo venezolano. Este factor ha sido determinante no solo para aumentar el Producto Interno Bruto, sino para inyectar divisas a la economía y estabilizar la tasa de cambio.

Junto al crecimiento de la producción, el país ha logrado una moderación en la inflación, alejándose de los picos históricos que destruyeron el poder adquisitivo en el pasado reciente. La estrategia del Banco Central ha incluido intervenciones constantes en el mercado cambiario y una política de encaje legal que, aunque restrictiva para el crédito, ha servido para contener la devaluación del bolívar. No obstante, la sostenibilidad de este control depende críticamente de los ingresos petroleros constantes y de la ausencia de nuevas perturbaciones en el escenario político internacional.

En el ámbito empresarial, este repunte del 9% ha generado una reactivación moderada en el sector comercial y de servicios en las principales ciudades. Las empresas locales y extranjeras observan con atención la apertura de oportunidades en energía y manufactura básica. Sin embargo, los expertos advierten que la alta dependencia de las decisiones del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos representa un riesgo latente. Cualquier reversión en las licencias vigentes o un endurecimiento de la postura diplomática de Washington podría frenar abruptamente la tendencia de recuperación proyectada para 2026.

Finalmente, el camino hacia el 10% de crecimiento requiere que Venezuela avance en la diversificación de su matriz productiva para reducir la vulnerabilidad externa. Aunque el petróleo sigue siendo el eje central, la recuperación de la confianza del consumidor y el fortalecimiento de la seguridad jurídica son pilares necesarios para una estabilidad de largo plazo. El panorama económico actual coloca al país en una encrucijada donde la geopolítica energética definirá la velocidad y la profundidad de su retorno definitivo al escenario comercial global.

RealRisk / Fuente: BCV