El estudio más reciente del Banco de la República desglosa el comportamiento del consumo de los hogares en Colombia mediante un enfoque de datos de alta frecuencia y modelos de ciclo de vida. La investigación revela que, tras un periodo de ajuste por las altas tasas de interés, el consumo ha iniciado una fase de estabilización. No obstante, existe una marcada sensibilidad a la inflación de servicios y una recomposición del gasto: los hogares están sacrificando bienes durables (vehículos y tecnología) para priorizar servicios esenciales y bienestar, reflejando una elasticidad ingreso que varía drásticamente entre estratos socioeconómicos.
El análisis del Banco de la República no se queda en la superficie de «cuánto se vende», sino que profundiza en el «porqué» del gasto. En este 2026, el enfoque de los investigadores destaca que el consumo privado representa aproximadamente el 70% del PIB de Colombia, lo que convierte a este estudio en la brújula definitiva para el sector retail y financiero. La principal conclusión es que el consumo ha dejado de ser impulsado por el crédito fácil y ha pasado a depender casi exclusivamente de la dinámica del mercado laboral y las remesas.
Un punto crítico del estudio es la función de consumo analizada bajo la perspectiva de ingresos permanentes. Los datos sugieren que la propensión marginal a consumir ($\text{PMC}$) se ha vuelto más volátil en los estratos medios. Si utilizamos la ecuación clásica de consumo:
$$C = c_0 + c_1(Y – T)$$
Donde $C$ es el consumo, $c_0$ el consumo autónomo y $c_1$ la propensión marginal a consumir sobre el ingreso disponible $(Y – T)$, el Banco observa que $c_1$ ha disminuido en bienes importados debido a la tasa de cambio, pero se mantiene alta en servicios locales como salud y educación.
La investigación también destaca la «fatiga del ahorro». Tras años de cautela, los hogares están agotando los colchones financieros acumulados, lo que genera una dependencia peligrosa del ingreso corriente. Esto explica por qué, ante cualquier leve fluctuación en la tasa de desempleo, el consumo de bienes no esenciales (moda, entretenimiento) reacciona de forma inmediata y negativa. En contraste, el consumo de servicios ha mostrado una rigidez al descenso, impulsado por contratos de alquiler e indexación de precios.
| Categoría de Gasto | Sensibilidad al Ingreso (Elasticidad) | Tendencia 2026 |
| Alimentos y bebidas | Baja (Inelástico) | Estable / Crecimiento leve |
| Bienes Durables (Electro/Autos) | Alta (Elástico) | Contracción moderada |
| Servicios (Salud/Educación) | Media | Crecimiento sostenido |
| Vivienda y Servicios Públicos | Muy Baja | Aumento por indexación |
El estudio concluye con una advertencia para los formuladores de política: la recuperación del consumo no será homogénea. Mientras los hogares de ingresos altos han recuperado su capacidad de gasto en turismo y lujo, la clase media sigue atrapada en el pago de deudas pasadas. Esta dualidad del consumo es el mayor reto para el crecimiento del PIB en el segundo semestre de 2026, ya que el grueso de la demanda interna depende de una clase media que aún se muestra cautelosa.
Finalmente, el Banco de la República enfatiza que la estabilidad de la inflación es el «mejor subsidio al consumo». Sin una convergencia real de los precios de los alimentos hacia la meta del 3%, cualquier incremento en el ingreso nominal se verá diluido, manteniendo el consumo en un estado de «crecimiento inercial» en lugar de una expansión vigorosa.
A continuación el informe publicado:
RealRisk / Fuente: BanRep