El Banco Mundial elevó su proyección de crecimiento para el Producto Interno Bruto (PIB) de Chile en 2026, situándola en un 2,4%, lo que representa una mejora respecto al 2,0% proyectado anteriormente. El organismo multilateral destaca que el país ha logrado estabilizar su economía tras los desajustes post-pandemia, beneficiándose de una política fiscal responsable y un repunte en la inversión minera impulsada por la demanda global de cobre y litio.
En su más reciente informe sobre perspectivas económicas globales, el Banco Mundial ha enviado una señal de confianza al mercado chileno al revisar al alza el crecimiento esperado para el país. La entidad proyecta ahora que el PIB de Chile se expandirá un 2,4% en 2026, una cifra que supera las estimaciones previas y coloca al país en una posición competitiva frente a sus pares regionales. Esta revisión se fundamenta en la capacidad de las instituciones chilenas para controlar la inflación con mayor rapidez de la esperada y en la recuperación paulatina del consumo de los hogares tras el periodo de altas tasas de interés.
El organismo resalta que la minería sigue siendo el motor fundamental de la actividad nacional. El auge de las tecnologías limpias y la transición energética global han mantenido los precios del cobre y el litio en niveles atractivos, incentivando nuevos proyectos de inversión que ya comienzan a materializarse. No obstante, el Banco Mundial advierte que, para consolidar este crecimiento, Chile debe avanzar en la reducción de la incertidumbre regulatoria y en la agilización de permisos para grandes proyectos, factores que han sido identificados como cuellos de botella para la inversión privada.
Desde la perspectiva empresarial y del sector financiero, el anuncio ha sido recibido con moderado optimismo. Un crecimiento del 2,4% sugiere un entorno más favorable para la colocación de créditos y la expansión de operaciones minoristas. Sin embargo, los gremios advierten que este crecimiento aún es insuficiente para cerrar las brechas de empleo formal. Las empresas del sector retail están observando de cerca si este mayor dinamismo se traduce en una mejora real de los salarios, lo que permitiría reactivar categorías de consumo que se han mantenido rezagadas.
Las implicaciones fiscales de esta mejora son significativas. Un PIB más dinámico genera un mayor recaudo tributario, lo que otorga al Gobierno un margen adicional de maniobra para financiar sus compromisos de gasto social sin comprometer la Regla Fiscal. El Banco Mundial valoró positivamente la disciplina fiscal de Chile, señalando que el país se diferencia de otros mercados emergentes por su compromiso con la sostenibilidad de la deuda pública, un activo institucional que sigue protegiendo la calificación crediticia soberana.
En cuanto a las decisiones clave, el reporte sugiere que el Banco Central de Chile cuenta ahora con un escenario más sólido para continuar con su senda de flexibilización monetaria. Si la actividad económica responde positivamente al recorte de tasas, es probable que la confianza del consumidor alcance terreno positivo hacia el segundo semestre del año. No obstante, el organismo internacional subraya que persisten riesgos externos, como una desaceleración más profunda de China o una mayor volatilidad en los mercados financieros globales, que podrían alterar estas proyecciones.
Finalmente, el panorama hacia el cierre de 2026 sitúa a Chile en una fase de normalización económica. El desafío para el país será transformar este repunte cíclico en un crecimiento tendencial más alto mediante reformas que impulsen la productividad. La mejora en la proyección del Banco Mundial es un «voto de confianza», pero también un recordatorio de que la economía chilena es altamente dependiente de factores externos, lo que obliga a mantener una gestión prudente y enfocada en la competitividad estructural.
RealRisk / Fuente: Banco Central de Chile