El mercado laboral de Chile exhibió un deterioro estructural al cierre del trimestre móvil de enero a marzo de 2026. Según los datos oficiales de la Encuesta Nacional de Empleo, divulgada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa de desocupación nacional experimentó un incremento de 0,2 puntos porcentuales, posicionándose en un 8,9%. Con este resultado técnico, el indicador encadena un periodo crítico de 38 meses consecutivos registrando un índice de paro igual o superior a la barrera del 8%, lo que evidencia una problemática persistente en la absorción de mano de obra.
La explicación técnica detrás del alza en la desocupación se fundamenta en un desajuste entre la oferta y la demanda de puestos de trabajo. Durante el periodo evaluado, la cantidad de personas que ingresaron a la fuerza laboral con capacidad para trabajar se incrementó en un 0,7%, una cifra que superó el ritmo de creación de nuevos empleos por parte del aparato productivo, el cual avanzó apenas un 0,5%. Este desequilibrio generó que el número total de desocupados registrara un aumento neto del 3,3%, impulsado principalmente por quienes quedaron cesantes, colectivo que creció un 2%, y por aquellas personas que buscan empleo por primera vez, segmento que se disparó un 14,5%.
Asimismo, las tasas de participación y de ocupación evidenciaron un retroceso marginal al situarse en 62,3% y 56,7%, lo que representó bajas de 0,1 y 0,3 puntos porcentuales en cada caso. Por otra parte, la población considerada fuera de la fuerza de trabajo anotó una variación positiva del 1,2%, una dinámica que estuvo fuertemente incidida por el avance del 4,9% dentro del segmento de los inactivos potencialmente activos, mientras que los inactivos habituales variaron apenas un 0,4%. En el análisis por género, el desempleo afectó con mayor rigor a las mujeres, registrando una proporción de 10 por cada 100 y subiendo medio punto frente al año pasado, en contraste con los hombres, quienes no reportaron cambios.
A nivel sectorial, la generación de puestos de trabajo se concentró de manera prioritaria en el rubro inmobiliario, seguido en menor medida por el segmento de actividades profesionales, los servicios de salud y los establecimientos comerciales. Sin embargo, este modesto dinamismo sectorial estuvo acompañado por un incremento preocupante de la informalidad laboral, la cual sufrió un alza interanual de 0,7 puntos hasta ubicarse en una tasa del 26,5%. Al ampliar la perspectiva a un ciclo de 12 meses, la informalidad acumuló un preocupante incremento de 3,2 puntos porcentuales, manifestándose con mayor intensidad en las actividades del comercio y la industria manufacturera.
Finalmente, el comportamiento del empleo en la Región Metropolitana, que alberga a la capital chilena de Santiago, agravó el balance general al registrar una tasa de desocupación del 9,6% durante el periodo de enero-marzo, equivalente a un aumento de 0,2 puntos porcentuales en un año. En esta zona geográfica, la estimación del total de personas ocupadas sufrió una contracción neta del 0,2%. Esta caída a nivel metropolitano estuvo fuertemente condicionada por la destrucción de plazas de trabajo en los sectores económicos de información y comunicaciones, que cayó un 16%, las actividades financieras y de seguros, con una baja del 14,4%, y la administración pública, que retrocedió un 8,6%.
RealRisk / Fuente: INE