La economía costarricense se encuentra en un punto de inflexión que impactará de forma directa el costo de vida de sus ciudadanos. Un reciente reporte elaborado por el Observatorio Económico y Social (OES) de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (UNA) advirtió sobre una inminente escalada inflacionaria de cara a los próximos meses. De acuerdo con el centro de investigación, la combinación de factores internacionales como el encarecimiento de los combustibles, junto con variables domésticas ligadas al comportamiento del dólar y fenómenos climáticos adversos, empujará los precios locales al alza, revirtiendo el ciclo de deflación transitoria experimentado recientemente.
El análisis detalla que la trayectoria del Índice de Precios al Consumidor (IPC) muestra un cambio de tendencia muy marcado. Tras haber tocado un mínimo histórico de -2,73% en febrero pasado, la inflación general inició una ruta de recuperación paulatina al registrar tasas interanuales de -2,09% en marzo, -1,64% en abril y -0,97% en el mes de mayo. Estas variaciones demuestran una aceleración constante que, según las proyecciones de los especialistas universitarios, situará formalmente al indicador macroeconómico dentro de un terreno positivo durante la segunda mitad de este año, aproximándose gradualmente al rango meta establecido originalmente por las autoridades monetarias del país.
El detonante principal de esta presión proviene del mercado energético internacional, resentido por conflictos geopolíticos globales y caídas en los inventarios. En Costa Rica, el efecto en los surtidores de las estaciones de servicio ha sido inmediato y agresivo; entre el 11 de febrero y el 2 de junio de este año, el precio del litro de la gasolina plus 91 acumuló un alza sustancial de 163 colones, la gasolina súper reportó un incremento de 125 colones, mientras que el valor del diésel se elevó en 157 colones. Estas fluctuaciones llevaron al crudo de referencia WTI a cotizarse sobre los 110 dólares por barril en mercados internacionales, alterando la estructura de costos de toda la cadena de suministros del país.
Las consecuencias sectoriales de estos ajustes energéticos ya comenzaron a trasladarse al consumidor final mediante las tarifas de movilidad regulada. El informe de la institución universitaria enfatiza que el encarecimiento del diésel y las gasolinas provocó incrementos directos del 5,43% en los pasajes del servicio de autobuses a nivel nacional. Por su parte, el gremio de los taxis también ajustó sus estructuras tarifarias, registrando incrementos que oscilan entre el 1,39% y el 2,82%, de acuerdo con las especificaciones técnicas de cada modalidad, encareciendo así los costos de traslado de la fuerza laboral costarricense.
Además del sector energético, la matriz productiva y comercial del país enfrenta serias amenazas asociadas a los pronósticos del clima y su impacto en los servicios básicos. Las previsiones meteorológicas apuntan a la llegada del Fenómeno de El Niño, el cual provocará sequías generalizadas durante la próxima época seca en el territorio nacional. Los analistas del OES anticipan que este desequilibrio hidrológico golpeará directamente la producción agropecuaria tradicional y mermará la capacidad de generación hidroeléctrica del país, obligando a las autoridades a encender plantas térmicas complementarias, lo que elevará tanto la factura petrolera estatal como las tarifas eléctricas residenciales e industriales.
Finalmente, el documento pone de relieve cómo estas presiones cruzadas erosionan el poder adquisitivo de la población en un contexto donde ciertos rubros ya experimentan alzas de doble dígito. Estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) recopiladas en el reporte confirman que el diésel lidera la tendencia alcista con una variación del 25,71%, seguido por la gasolina en un 15,08% y los boletos de transporte aéreo con un 13,25%. Ante este escenario de costos crecientes, el Observatorio de la UNA recalca la necesidad de evaluar medidas fiscales y productivas urgentes que permitan amortiguar el impacto sobre los presupuestos de las familias de menores ingresos
RealRisk / Fuente: OES