La Escuela de Estadística de la UCR advierte que la confianza de los hogares costarricenses llegó a su tope

El optimismo económico que caracterizó a los hogares costarricenses a principios de año ha comenzado a moderarse de forma significativa. Los resultados de la Encuesta de Confianza del Consumidor número 90, desarrollada de manera trimestral por la Escuela de Estadística de la Universidad de Costa Rica (UCR), revelaron que el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) se situó en 54,8 puntos en el mes de mayo de 2026. Esta contracción representa un quiebre frente al máximo histórico alcanzado en febrero anterior y marca el retorno del indicador a los niveles registrados antes de la coyuntura político-electoral.

La investigadora a cargo del estudio, Fernanda Alvarado Leitón, apuntó que el comportamiento del ICC sugiere que la percepción colectiva ha alcanzado un techo estructural del cual difícilmente volverá a subir en el corto plazo. Este retroceso en el optimismo generalizado revierte la tendencia alcista observada tradicionalmente durante las campañas y comicios electorales, un fenómeno que suele elevar las expectativas sociales de forma pasajera. A pesar de la desceleración detectada, la especialista aclaró que el índice actual todavía logra mantenerse en un rango elevado en comparación con el promedio histórico de la serie.

El enfriamiento de la confianza se explica a través del debilitamiento simultáneo de los dos grandes pilares del estudio universitario. Por una parte, el Índice de Condiciones Económicas Actuales (ICEA) experimentó una reducción de 4,0 puntos al ubicarse en 50,2 unidades, empujado por un incremento en el porcentaje de personas que perciben que su economía doméstica está peor que hace un año, el cual escaló al 23,1%. Paralelamente, la cautela financiera se profundizó debido a que un 42,7% de los entrevistados manifestó que las circunstancias del mercado actual representan malos tiempos para realizar compras de artículos grandes para el hogar.

Por otra parte, las proyecciones a mediano plazo también mostraron fisuras, provocando que el Índice de Expectativas Económicas (IEE) retrocediera 7,3 puntos para fijarse en 57,8 unidades. El pesimismo a futuro está ligado a un desmejoramiento en las previsiones de bienestar social, dado que el 30,3% de la muestra prevé un incremento en los niveles de pobreza nacional en los próximos doce meses. En contraste con la preocupación por la vulnerabilidad social, la percepción sobre las dinámicas del mercado de trabajo arrojó que un 34,5% de la población mantiene la expectativa de observar un menor desempleo en el transcurso del año.

El análisis pormenorizado de las variables macroeconómicas refleja que el entorno internacional y local genera una profunda incertidumbre sobre los presupuestos familiares. Un contundente 60,2% de las personas encuestadas anticipa nuevos aumentos en el precio de los combustibles de cara al próximo año, una preocupación asociada externamente a los conflictos geopolíticos globales vigentes. Asimismo, la estabilidad de la moneda nacional se percibe bajo amenaza, puesto que el 31,6% de los consumidores proyecta alzas en la cotización del dólar estadounidense dentro del mismo horizonte temporal.

Finalmente, el informe detalla un cambio drástico en el perfil demográfico del consumidor, donde el grupo de optimistas cayó 9,2 puntos porcentuales para ubicarse en 37,8%, mientras que los ciudadanos ambivalentes subieron al 47,9% y los pesimistas al 14,4%. Este deterioro de la confianza se constató tanto en la población masculina como en la femenina, registrando caídas de 7,3 y 4,8 puntos respectivamente. Por último, según el grado de instrucción, la contracción del optimismo afectó principalmente a las personas con educación secundaria y educación primaria o inferior, mientras que el sector con formación universitaria no reportó variaciones estadísticas en su confianza.

RealRisk / Fuente: UCR