El acuerdo UE–Mercosur entró en su tramo decisivo tras lograr apoyo mayoritario en Bruselas y encaminarse a una firma en Paraguay, en un contexto de alta sensibilidad política por las protestas de agricultores en Francia. El pacto se presenta como el más grande del bloque europeo y cierra cerca de 25 años de negociación, con efectos que van más allá del acto diplomático: precios, rutas comerciales y competencia en anaqueles.
En su diseño, el acuerdo reduce aranceles y barreras técnicas entre Europa y Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, facilitando que la UE venda más autos, maquinaria, químicos y servicios en Sudamérica, mientras Mercosur coloca más productos agrícolas y materias primas en Europa. Se incluyeron salvaguardias para el agro europeo: puede abrirse una investigación para suspender aranceles preferenciales si los volúmenes de importación suben 5% o si los precios caen frente a la media de los últimos tres años.
Para Colombia, el impacto se juega por fuera de la mesa. No es miembro pleno de Mercosur, sino Estado asociado desde 2004, y ya tiene un TLC con la UE vigente desde 2013; esa combinación deja un riesgo claro de desvío de comercio si Mercosur obtiene mejores condiciones de acceso a Europa. Entre enero y noviembre de 2025, Colombia exportó a la UE US$5.764,37 millones FOB (+24,5%), y ese bloque concentró 12,6% de las ventas externas; dentro de la UE, Países Bajos fue el principal destino con US$1.778,9 millones FOB (+34,1%).
La comparación con Mercosur muestra una inserción distinta y más concentrada: Colombia vendió cerca de US$3.065,1 millones FOB (+2,5%), con aumentos en Uruguay (10,3%), Venezuela (8,4%) y Argentina (7,5%), y caídas en Paraguay (-6%) y Brasil (-1,2%). Además, el comercio con el bloque se apalanca en insumos: combustibles (US$792 millones), plásticos (US$678 millones), químicos (US$581 millones) y alimentos, bebidas y tabaco (US$354 millones), mientras los bienes industriales finales pesan poco, como vehículos (US$83 millones) y maquinaria eléctrica (US$47 millones).
El frente más sensible para Colombia está en agro y alimentos dentro del mercado europeo: el acuerdo amplía la oferta sudamericana en los mismos estantes donde ya compite con café con mayor procesamiento, frutas, flores y alimentos, en un mercado con más volumen y menor tolerancia al sobreprecio. En cambio, el espacio con menor choque frontal aparece en servicios y valor agregado, impulsado por la reducción de barreras técnicas y regulatorias. Con un tablero más exigente, la respuesta pasa por sostener lo ganado en Europa y acelerar el salto de proveedor de base hacia una canasta más diversificada y transformada.
RealRisk/ Fuente: El Espectador