El superávit comercial de Chile se dispara más del 60% en el arranque de 2026

Chile inició 2026 consolidando su posición como potencia exportadora regional. Su balanza comercial registró un incremento del 61,8%, alcanzando un superávit de US$2.790 millones. A pesar de un crecimiento moderado del 1,5% en las exportaciones totales (que sumaron US$9.083 millones), la fuerte contracción en las importaciones permitió este salto en el saldo positivo, reafirmando la solidez de la minería de cobre y la resiliencia de sus envíos industriales.

La economía chilena ha dado una señal de fortaleza macroeconómica contundente al cierre de febrero de 2026. Según los datos del Banco Central de Chile, la balanza comercial del país registró un superávit de US$2.790 millones, lo que representa un incremento del 61,8% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Este resultado es particularmente notable porque se produce en un contexto de enfriamiento del consumo interno, lo que ha derivado en una reducción significativa de las importaciones, permitiendo que el saldo a favor del país se ensanche de manera acelerada.

El pilar de este desempeño siguen siendo las exportaciones, que alcanzaron los US$9.083 millones, marcando un crecimiento interanual del 1,5%. Si bien es una tasa de expansión moderada comparada con los picos de 2025, refleja la capacidad de la industria nacional para mantener sus flujos de venta en un mercado global con señales mixtas. La minería, liderada por el cobre, continúa siendo el motor indiscutible, aportando casi la mitad del valor total exportado, beneficiada por precios internacionales que se han mantenido en rangos competitivos debido a la demanda de la transición energética global.

Por el lado de las importaciones, el país registró ingresos por US$6.298 millones, lo que evidencia una caída cercana al 13% respecto al año previo. Esta contracción se explica por una menor demanda de bienes de consumo duradero y energía, lo que, aunque ayuda a la balanza comercial, sugiere que la economía doméstica todavía se encuentra en una fase de ajuste tras los altos niveles de inflación de 2024-2025. Sin embargo, las importaciones de bienes de capital —maquinaria y equipo— mostraron una resistencia mayor, lo que indica que la inversión productiva, especialmente en minería y energías renovables, no se ha detenido.

En términos sectoriales, más allá del cobre, las exportaciones de litio y productos industriales (alimentos procesados y celulosa) han servido como un amortiguador vital. El litio, en particular, mantiene su senda de crecimiento como el «nuevo oro blanco» de la economía austral, consolidando a Chile como un proveedor crítico para la industria de baterías eléctricas. Esta diversificación relativa del portafolio exportador permite que el país no dependa exclusivamente de un solo commodity, mejorando su perfil de riesgo ante choques externos.

La implicación para la región es clara: Chile se posiciona con el sector externo más saneado de Sudamérica en 2026. Con un superávit que crece a doble dígito y una moneda (el peso chileno) que ha mostrado relativa estabilidad frente al dólar gracias a estos flujos de divisas, el país ofrece un refugio de previsibilidad para la inversión extranjera directa. Analistas prevén que, si el precio del cobre rompe la barrera de los US$4,50 la libra en el segundo trimestre, el superávit anual podría superar todas las proyecciones iniciales del mercado.

Finalmente, el desafío para el gobierno de Kast, que inicia su periodo en marzo, será transformar este éxito exportador en una reactivación del consumo interno sin disparar nuevamente la inflación. La solidez de la balanza comercial otorga un «colchón» fiscal y monetario envidiable, pero la debilidad de las importaciones de consumo es un recordatorio de que la demanda doméstica aún necesita estímulos claros para acompañar el brillo del sector externo en este 2026.

RealRisk / Fuente: Diario Financiero